sábado, 19 de marzo de 2011

Ante el inminente comienzo de una nueva guerra, hago mías las palabras del gran filósofo Santiago Alba:


Nuestra responsabilidad está con el pueblo libio

Santiago Alba Rico
Rebelión


Hoy 40 manifestantes han sido asesinados en la plaza Taghrir de Sanaa, en Yemen, cuyo gobierno es apoyado por los EEUU y por Arabia Saudí.

Hoy ha sido volado el monumento de la plaza de la Perla, en Bahrein, país ocupado desde el miércoles por tropas de Arabia Saudí movilizadas para reprimir las manifestaciones en las que han muerto ya algunas decenas de personas.

Hoy los iraquíes han vuelto a salir a la calle para reclamar pan y libertad, en manifestaciones que se repiten desde hace semanas, con numerosas víctimas mortales, en un país destruido de arriba abajo por los EEUU y sus aliados.

Esta semana han seguido en Marruecos y en Argelia las protestas en las calles contra nuestros amigos dictadores.

Esta semana Palestina ha seguido reclamando el fin de la ocupación israelí, apoyada por EEUU y la UE.

Esta semana han muerto decenas de personas en los cotidianos bombardeos estadounidenses sobre Afganistán y Pakistán.

Zapatero acaba de declarar, tras anunciar la participación de España en las operaciones militares contra Libia: “Nuestra responsabilidad está con el pueblo de Libia”.

Si los burros rebuznan y los cerdos gruñen, ¿por qué los socialdemócratas hablan?

Nuestra responsabilidad, la de los pueblos europeo y estadounidense, es la de salir a la calle, no sólo para protestar contra la intervención, no, sino para mandar a Zapatero y a Rajoy, a Sarkozy, a Berlusconi, a Obama y Clinton (y a todos los demás) a hacer compañía a Mubarak y Ben Alí. Mientras eso no ocurra, ni el pueblo de Libia podrá librarse de Gadafi ni el mundo pronunciar ciertas palabras sin atragantarse.

Se puede ser un inmoral honrado; un inmoral callado.

lunes, 21 de febrero de 2011

Documental sobre el uso de armas químicas en la guerra del Rif

Entre 1923 y 1927, el ejército español bombardeó con gas mostaza a población civil durante la guerra del Rif. España se convirtió en una de las primeras potencias en utilizar estos métodos de exterminio. Y consiguió que su crimen permaneciese en un conveniente olvido. Casi un siglo después, un joven rifeño, residente en Madrid, inicia una carrera contra reloj para salvaguardar la memoria de los últimos testigos de aquella guerra. El Gobierno español nunca ha admitido tales crímenes. Y las víctimas, muy ancianas, amenazan con morir sin haber explicado qué ocurrió durante aquellos años de asfixia y muerte.

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